sábado, 16 de abril de 2011

Del libro 2 Crónicas: Cap. 21: 1-4

2 Crónicas 21: 1-4 – Durmió Josafat con sus padres, y lo sepultaron con sus padres en la ciudad de David. Y reinó en su lugar Joram su hijo, quien tuvo por hermanos, hijos de Josafat, a Azarías, Jehiel, Zacarías, Azarías, Micael, y Sefatías. Todos estos fueron hijos de Josafat rey de Judá. Y su padre les había dado muchos regalos de oro y de plata, y cosas preciosas, y ciudades fortificadas en Judá; pero había dado el reino a Joram, porque él era el primogénito. Fue elevado, pues, Joram al reino de su padre; y luego que se hizo fuerte, mató a espada a todos sus hermanos, y también a algunos de los príncipes de Israel.

Joram era hijo del rey Josafat, quien fuera un hombre recto a los ojos de Dios. Josafat se mantuvo en el camino de Jehová, pero el pueblo aún acudía a los idolátricos lugares altos porque sus corazones no estaban ligados al Dios de sus padres. Al morir éste le sucede su primogénito: Joram.

Que Joram se alejara de Dios es entendible, pero lo difícil de aceptar es que matara a todos sus hermanos y a algunos príncipes del reino. La Biblia no esconde la condición pecaminosa de ninguno de sus protagonistas; nos son mostrados tal como eran en su entorno.

Al repasar la historia de la realeza de distintos países, llámese Inglaterra, Francia, España o Italia, veremos los mismos sucesos que se repetían una y otra vez: la eliminación, a como diera lugar, de todos aquellos que pudieran llegar a ser o eran un peligro para el que luchaba por llegar o mantenerse en el poder.
Y la final conclusión es que el hombre sin Dios, ya sea en el período a.C. o en el periodo d.C., es y será siempre el mismo. Egoísmo, egotismo, egolatría, hedonismo, autocomplacencia, narcisismo con todos sus acólitos, están presentes en el corazón humano. Aunque los sistemas imperantes en el mundo fueran perfectos, los hombres con corazones imperfectos lo echarían a perder.

Solo con Cristo en el corazón podrá el ser humano cambiar y dejar atrás las actitudes, acciones y comportamientos que riñen con los principios bíblicos y desagradan a Dios.

¡No esperemos respuestas o resultados en y del hombre! Pongamos –y mantengámoslos– nuestros ojos en Cristo Jesús. ¡Él es el único que podrá llevar tus cargas; el único que puede traer paz y consuelo a tu corazón! ¡Ven a Él, y Él te sustentará!

No hay comentarios:

Publicar un comentario