Proverbios 15: 33 – El temor de Jehová es enseñanza de sabiduría; y a la honra precede la humildad.
El ser humano en sus incansables búsquedas desea, anhela sabiduría: sabiduría para saber qué decir, qué hacer, dónde ir, cómo llegar, y otros interrogantes; de allí el suceso de los libros de autoayuda que nos “enseñan” cómo lograr el éxito en distintas áreas del diario vivir. Leemos dichos libros, nos animamos y pareciera funcionar lo que nos dice; pasado un par de días todo vuelve a lo mismo y los únicos que lograron provecho fueron el autor del libro y la casa editora.
¡Tantas búsquedas infructuosas! ¿Y saben por qué? Por menoscabar el Libro de los Libros, donde sí encontramos la “receta” para lograr sabiduría.
Nuestro texto registra que “El temor a Jehová es igual a enseñanza de sabiduría”, lo que nos parece sumamente revelador. ¿A mayor temor de Dios más sabiduría? ¿A mayor temor de Dios somos enseñados para llegar a tener más sabiduría? Sí, pues otro texto registra: “El principio de la sabiduría es el temor de Jehová” (Prov. 1:7).
Queremos ser sabios y solo llegaremos a serlo cuando hayamos dado cabida en nuestras vidas a la única fuente inalterable de sabiduría, nuestro Dios y su Palabra escrita. Cuando la Biblia dice “El temor de Jehová es aborrecer el mal” (Prov. 8:13) y nosotros no solo no lo aborrecemos, sino que lo justificamos, ¿estamos procediendo sabiamente?
Y de acuerdo a nuestra cita inicial hay otra gran verdad relacionada al temor de Dios: solo el corazón que ha iniciado su transitar por el camino de la humildad podrá desarrollar el temor de Dios. Dios honra a los que le honran (1 Samuel 2:30) y el texto utilizado hoy es claro al decir “a la honra precede la humildad”. Solo los humildes serán honrados por Dios. Y que conste que no estoy utilizando el vocablo “humilde” como sinónimo de “escaso en recursos económicos”, o “de clase social pobre”. Humilde es aquel que reconoce su necesidad de Dios; es el que reconoce que sin Dios él no podrá hacer nada que agrade a nuestro Señor Jesucristo.
Resumiendo podemos decir que:
- Dios honra a los que le honran.
- La honra estará precedida por la humildad.
- La humildad nos lleva a desarrollar el temor de Dios.
- El temor de Dios nos lleva a aborrecer el mal.
- El temor de Dios nos lleva a crecer en sabiduría.
¿Cómo somos/estamos a los ojos de Dios? – ¿Sabios o necios? ¿Humildes o soberbios? ¿En honor o en deshonor? Cada uno de nosotros debe contestar estas preguntas; tomar las decisiones pertinentes y no olvidarnos que siempre cosecharemos de lo que hayamos sembrado.

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